Virgen de Guadalupe

Novena al Angel de la Guarda – NOVENO DÍA

Sección: San Miguel Arcangel

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Novena al Angel de la Guarda – NOVENO DÍA

NOVENO DÍA

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro, En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Señor mio, Jesucristo,
Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío,
por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido;
propongo firmemente nunca más pecar,
apartarme de todas las ocaciones de ofenderte,
confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos,
en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en tu bondad y misericordia infinita,
que nos perdonaras, por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daras gracia para enmendarme, y perseverar en tu santo amor y servicio,
hasta el fin de mi vida.
Amén.

A ti, santo Ángel de mi Guarda, acudo hoy en busca de especial favor. Habiéndote puesto Dios por custodio y protector mío, nadie como tu conoce la miseria y las necesidades de mi alma y los afectos de mi corazón. Tu sabes el deseo que tengo de salvarme, de amar a Dios y de santificarme; mas, ¡ay!, también sabes mi inconstancia y lo mucho que he ofendido a Dios con mis faltas y pecados. Tu, que eres para mí el guía más seguro, el amigo más fiel, el maestro más sabio, el defensor más poderoso y el corazón más amante y compasivo, alcanzame de Dios la gracia suprema de amarle y servirle fielmente en esta vida y poseerle eternamente en la gloria.

Y ahora te ofrezco humildemente los pequeños obsequios de esta Novena, para que también me alcances las gracias especiales que en ella te pido, si no son contrarias a la gloria de Dios y al bien de mi alma. Así sea.

¡Oh bienaventurado ministro del Altísimo!, alcanzadme de su misericordia infinita que llegue yo a ocupar un día uno de los tronos que dejaron vacíos los ángeles rebeldes.

Os pido que, por intercesión de Maria, me obtengáis de Dios la gracia de una santa muerte, confortada con los Santos Sacramentos, que me abra las puertas de la gloria eterna.

ORACIONES FINALES

Oración a la Santísima Trinidad.
Para obtener de Dios las gracias que esperamos, ¡oh buen Ángel de la Guarda!, en unión tuya y de todos los otros Ángeles del cielo, y por mediación de la Virgen Maria, Madre de Dios y Madre nuestra, saludo ahora a la Trinidad Santísima con el Trisagio angélico, diciendo de todo corazón:

Santo. Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Rezar al Padre Eterno: Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María llena eres de gracia el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Rezar al Hijo Unigénito: Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Rezar al Espíritu Santo: Padrenuestro. Avemaría y Gloria.

Oración de San Juan Berchmans.
Ángel Santo, amado de Dios, que después de haberme tomado, por disposición divina, bajo tu bienaventurada guarda, jamás cesas de defenderme, de iluminarme y de dirigirme: yo te venero como a protector, te amo como a custodio; me someto a tu dirección y me entrego todo a ti, para ser de ti gobernado. te ruego, por lo tanto, y por amor de Jesucristo te suplico, que, cuando sea ingrato para contigo y obstinadamente sordo a tus inspiraciones, no quieras, a pesar de esto, abandonarme; antes al contrario, ponme pronto en el recto camino, si me he desviado de él; enseñame, si soy ignorante; levantame, si he caído; sostenme, si estoy en peligro, y conduceme al cielo para poseer en el una felicidad eterna. Amén.

Publicado: 2016-12-07 | Modificado: 2016-12-07T23:30:02-7:00.
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